miércoles, 21 de agosto de 2013

UNAS NOTAS EN TORNO A "MI REYECILLO" DE JOSÉ MARTÍ


Guadalupe I Carrillo

Oh cual los áureos

Reyes divinos

De tierras muertas,

De pueblos  idos

-¡Cuando te vayas

Lévame, hijo!

Mi Reyecillo. José Martí

 

 José Martí, el poeta de la sencillez, que es su grandeza, escribió, como sabemos, innumerables versos en los que la emotividad y la sabiduría destacan. La palabra exacta, la música que vibra junto a su pasión por la vida son verdaderos artilugios que seducen a quien se asoma a cualquiera de sus versos. Entre los innumerables que escribió me conmueve especialmente el poemario Ismaelillo,  el primero publicado por Martí y dedicado a su hijo Ismael, con quien vivió interrumpidamente a causa de desplazamientos geográficos tanto del poeta como  de su esposa con la que mantenía una difícil relación.

       El Ismaelillo fue escrito en Caracas en 1981 y publicado al año siguiente en Nueva York.  Son quince poemas en los que el tema central es la exaltación del niño.  Críticos de su obra han percibido que algunos de ellos se escribieron con la presencia del hijo[1], como ocurre en “Mi Reyecillo” -poema escogido hoy para su análisis-  donde utiliza el presente, y otros en la ausencia de este  -toma el pretérito- cuando su madre se lo lleva a Cuba y Martí continúa viaje a Estados Unidos.

    Como sabemos, el Modernismo fue un movimiento que desbordó cualquier intento de encasillamiento o caracterizaciones puntuales; hubo en sus representantes intereses estéticos comunes que los hacen semejantes y que los reúnen en un mismo movimiento. Por eso, y partiendo de la certeza de que todo gran  poeta es él mismo, esto es, un estilo y una visión particular, intentaremos señalar en el texto algunos elementos modernistas que lo caracterizan, junto a lo propiamente poético martiniano. Al ser el primer poemario de Martí, se le ha clasificado muchas veces como pre-modernista; sin embargo son evidentes los elementos románticos que se entretejen junto a los demás.

  “Mi reyecillo” es  una serie de versos pentasílabos con rima asonante en los pares (i.o) y libre en los impares. Lázaro Carreter clasifica esta versificación de 5 sílabas a modo de romance como “romancillo”. El romance es la estrofa más utilizada para narrar o para relatar anécdotas. Su uso común en la poesía medieval, donde están sus raíces, se explica por el gusto que mantiene el pueblo hacia los hechos heroicos y, más adelante, a las anécdotas amorosas. Reminiscencias románticas de las que no se desprende Martí y que enriquecen aún más sus versos.

   Escribir en romancillo permite al poeta detenerse en la anécdota sencilla, más útil para dirigirse a un niño, y otorga, como añadidura, una musicalidad que da frescura y vida al poema.

   El yo poético se esconde en los primeros versos para describir los atributos de los reyes de lugares lejanos (los persas, los hunos, los íberos); esto nos sugiere un cosmopolitismo típicamente modernista. En el séptimo verso hará mención del rey del hombre como “rey amarillo”. Esta metáfora señala una intencionalidad de crítica social que se verá reforzada en los dos versos siguientes y que continuará en todo el poema. EL “rey amarillo” es el oro, la riqueza material a la que Martí critica duramente.

   El yo, en un deseo consciente, se convierte en el “vasallo” que anhela vivir para servir a su rey, ese hijo “blanco y rollizo” al que venera y en quien desborda no sólo la ternura paterna –“¡su cetro, un beso!/ ¡mi premio, un mimo!...- sino que expresa la necesidad de refugiarse en el hijo, símbolo de la pureza que no encuentra en el mundo y de la que ya nos habla en las primeras líneas de la dedicatoria del poemario, cuando señala: “Hijo, espantado de todo me refugio en ti”. El hijo se transforma en consuelo para el padre sumido en la desilusión. Se convierte, como bien señala Gene Hammitt, [2]en paradigma y  fuerza vital que empuja al poeta a seguir en la lucha por la honradez y la libertad, a pesar de la desilusión que lo aqueja como un mal incurable.

   El yo jura una lealtad condicionada por el reinado exento del amor hacia las riquezas materiales, es decir, al “amarillo”. Prefiere la muerte de ese rey-dios a la vida impura propuesta por la avaricia. Por eso lo interpela: “¡muere conmigo! / ¿Vivir impuro? / ¡ No vivas, hijo!”.

   En el poema vibra la afectividad desbordada junto a los ideales sociales por los que vivió y murió Martí. La ambición hacia lo material es considerada como una impureza tan degradante que lo lleva, decididamente, a optar por la muerte del hijo, cuya figura ha sido engrandecida a lo largo de todos los versos. El hijo no es solamente el rey, sino aquel a quien el yo rinde todos los tributos: “Toca en mi frente / tu cetro omnímodo / úngeme siervo, siervo sumiso”.

   Los elementos modernistas presentes en el poema los advertimos no sólo en el cosmopolitismo y la musicalidad de los versos, también en la riqueza de imágenes –Metáfora: “Sea mi espalda pavés de mi hijo”; sinestesia: “rey sombrío”- y adjetivaciones reiteradas que dan colorido y vida a los versos.

   El uso recurrente de los signos expresivos, admiración e interrogación- permiten que fluya una marcada emotividad que remite a la subjetividad romántica. El yo es un exaltado siervo de la pureza, cuyo símbolo es el hijo, su reyecillo.

   En el poema convergen lo simbólico, lo romántico y también lo modernista, presente en el preciosismo y la precisión en la selección de palabras (particularmente adjetivos) cultas y exquisitas, que se muestran atenuadas por la sencillez propia del estilo del autor y cuyo énfasis lo da la estrofa escogida para el poema: el romancillo. Es, pues, un modernismo orientado por la originalidad que siempre mantuvo Martí en su obra poética, junto con la crítica social.

   “Mi reyecillo” es un poema de largo alcance afectivo: la ternura se ensancha y vibra en la música que salta de los versos como vida desbordada. La clara moraleja social parece entretejida por el amor paterno que prefiere perder al hijo a verlo manchado. Este asunto de interés Martiniano acompañará siempre el corazón, la mente y la palabra encendida del poeta cubano.

 

 

  



[1] En la página http://www.eddosrios.org/marti/Notas_estudios/ismaelillo.htm “Apuntes sobre Isamelillo. Gene Hammitt. Revisado el 21 de agosto del 2013.
[2] En la página http://www.eddosrios.org/marti/Notas_estudios/ismaelillo.htm Nota leída el 21 de agosto del 2013.

1 comentario:

  1. Guadalupe:
    Es muy bello tu trabajo sobre Martí. Hace algunas semanas mencioné en un artículo el libro de Luis Rafael Hernández "Entre Prometeo y Narciso". Es un libro que recomiendo a todos, porque además de estar muy bien escrito, ofrece excelentes "puntas" para entender al gran poeta y ensayista.
    Entre los intelectuales de América Latina no creo que alguien supere a Martí en claridad, en belleza, en emoción, en autenticidad. Está a la altura de todo gran poeta de la lengua castellana. Nadie lo puede bajar de su pedestal.
    A Martí no es necesario inventarle nada. Basta leerlo. Es nuestro gran clásico.
    Gracias por tu rescate de El Reyecillo. Y gracias por ese blog que estás construyendo ladrillo a ladrillo, con un enorme amor por la literatura, y también, con un gran afecto y respeto por el lector.

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